Es uno de los 15 finalistas en el Concurso de
Cuento del Ministerio de Educación y RCN-2010, con el cuento La adivina de Odense; un enamorado de la
literatura que no hace alarde de sus logros y al que de hecho pocas veces se le
escucha hablar de sí mismo. Su lenguaje habitual es el silencio. El mismo de
quien escucha el sonido de las palabras del mundo, y toma atenta nota de sus
ecos.
Este licenciado en Español y Literatura de la
Universidad de Antioquia nace en el corregimiento de Santa Rita, del municipio
de Ituango, trabaja como docente de Lengua Castellana hace 15 años en la
Institución Educativa La Independencia. Eso hace de él uno de los fundadores de
la sección de bachillerato, al lado de la coordinadora Ángela Quintero y del
profe Jhiovany Londoño. Nunca ha pensado irse del colegio, ni cuando las balas
parecían anunciar los cambios de clases, en la época de la Operación Orión, en
Octubre del 2002. Sus movimientos son pausados, como la mirada que escruta el
fondo de las preguntas que le llegan de improviso.
La adivina
de Odense
Desde que lee la versión original del cuento El patito feo se sorprende del valor
literario de Hans Christian Anderson y
de cómo lo incompleta que es la versión que conocemos del mismo. Eso hace que
empiece a interesarse por Andersen, a leer otras de sus obras y a conocer su
biografía.
Precisamente al leer ésta se entera de que
siendo un niño su mamá lo lleva donde una adivina, para mirar que le lea el
futuro. Dicha anécdota le da la idea del cuento. Lo escribe y lo envía al
Concurso, hasta que lo sorprende la llamada de un funcionario de RCN que le
anuncia que el cuento ha sido preseleccionado entre los 100 más importantes del
país y que va a pasar de un jurado nacional a uno internacional.
Después, le hace el seguimiento al concurso
por internet y es por este medio que se entera de que queda finalista.
Inicios en
la escritura
Se inicia en la literatura con la lectura de
revistas de cómics. Luego vienen autores como Gabriel García Márquez, Tomás
Carrasquilla y Manuel Mejía Vallejo. Y en sus tiempos de universitario le
siguen Edgar Allan Poe, Julio Cortázar, Horacio Quiroga, Borges y Cavafis.
Escribe desde el bachillerato. Más adelante depura
y desecha algunos de esos textos, sobre todo cuando entre 1998 y el 2004 ingresa
al Taller de Poesía de la Biblioteca Público Piloto, con Jaime Jaramillo
Escobar, conocido con el seudónimo de X-504.
Curiosamente antes de entrar al Taller de
Poesía escribe todas las noches, así sea un rato. Después, hace una pausa en la
escritura, para plantearse la pregunta,
¿vale la pena escribir? La respuesta es que en los últimos años trata, en la
medida de lo posible, de escribir cada noche, así sea como ejercicio.
Su bautizo
literario
Un día, en el Taller de Poesía lee un poema,
un homenaje a su fallecido padre y Jaime
Jaramillo Escobar le dice: “usted de aquí en adelante queda bautizado como
poeta”.
Luego ese bautismo se confirma en el 2000, con la obtención del Segundo
Puesto en el Concurso de Cuento El Mínimo
Esfuerzo, de la Revista El Malpensante, con el cuento Algo andaba mal. Al enterarse de la noticia piensa: “Esto como que
es en serio. Aquí me metí en la grande. (Risas)”..
Después, al conversar con uno de los jurados,
Eduardo Escobar, éste le comenta que al
momento de decidir el primer puesto hubo un empate, por lo cual se hizo
necesaria la presencia de un quinto jurado, que a la postre decidió el ganador.
Para él “ese concurso fue como un despertar, como sentir mucho susto pensando
en la entrega, en el compromiso que debía asumir en lo sucesivo y pensé que
tenía que seguir adelante, que me podía quedar ahí”.
Este segundo lugar lo anima para participar
en otros concursos, por lo complicado de la publicación de algún texto y porque
hacerlo de cuenta propia es costoso.
En el 2004 tiene tres figuraciones claves:
finalista en un concurso del sitio Web Agenda
Helena; publica Al fondo del callejón, en un CD que la
empresa Vistas saca, y su poema Ángel premonitorio es publicado en el
libro Vivencias Secretas del Centro de Estudios Poéticos de Madrid.
Tal vez el punto más alto en su carrera
literaria es su participación en el Concurso de Cuento de RCN, en el que en
concursan unas 33.000 personas.
Recetario
para ser poeta
La regla de oro que aprende con el poeta
X-540 se resume en “mucha disciplina y mucha lectura. Para escribir no hay
recetas, cada uno busca su propia manera de hacerlo”.
A Gabriel el género literario que más le
gusta es la poesía y paradójicamente sus mejores figuraciones en concursos
literarios ha sido con cuentos. Le ha ocurrido que a veces él se sienta a
escribir un poema, y sobre la marcha intuye que algo anda mal, y da un giro
hacia el cuento. De ahí que sus cuentos sean el resultado de poemas
fallidos.
La mayoría de las veces se sienta a escribir,
a darle forma a una idea que tiene en su cabeza, producto de una lectura o de
la observación directa de su entorno. Casi nunca parte de cero. Considera vital
trazarse un plan, tener una idea preconcebida, previo a la escritura.
Considera
importante que los libros se fermenten en el nochero, que “cojan” su punto
exacto, antes de darle salida al mercado editorial. No sólo por lo costoso que
puede resultar; sino, además, porque considera necesario darle tiempo a las
obras para que maduren, como el buen vino; además de que considera que en algún
momento pueda ganarse un concurso, que
le publique un libro completo.
Sus
escritos son limpios, simples, directos, sin rebuscamientos. Eso se “va
ganando con el tiempo”. Y la tarea de
podar el poema es lo que lo lleva a veces a escribir cuentos: el deseo de ser
claro, de dejar de lado lo que pueda parecer confuso.
Normalmente carga una agenda, en la que toma
“noticas”: lo que se le ocurre, lo que ve. Inclusive, hay una parte de su
agenda titulada “Tema”, en la que sólo escribe distintos temas que cree que
puede abordar luego, para escribir algo. Otras veces trata de darle alguna
forma a la idea, en el propio momento que se le ocurre y ya por la noche, en la
casa, en el computador, ya copia ese
“tema” o ese principio de cuento o de poema y se dedica a pulirlo con
más calma, con más espacio.
Algo andaba mal
Era
indudable, algo andaba mal. Desde que se levantó sintió que sus pies no tocaban
el piso. Parecía flotar en el aire. Decidió dar un paseo por el parque para
disipar dudas. Al saludar, notó que no era escuchado: algo continuaba andando
mal.
De
pronto, al toparse con un teléfono público sintió un extraño impulso que lo
llevó a marcar el número de su propio apartamento. Al otro extremo de la línea
escuchó su propia voz que insistía:
-¿Aló?
¿Aló? ¿Quién habla?
Desconcertado,
colgó la bocina. Ya no quedaba ninguna duda: algo andaba mal.
Gabriel Rendón
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