El teclado parece de 200 botones. La profe no encuentra el alfabeto, ni las entradas del blog ni nada de nada. Aquello parecía menos complicado, pero a la hora de materializar la tarea, un duende virtual se cuela en el pc.
Los ritmos son disparejos: unos saben más que otros. Tanto, que hay quienes resuelven en un santiamén sus deberes, en tanto otros sufren las instrucciones, padecen las tareas, las clases con sus segundos, sus minutos y sus horas.
Son los tercos y tercas que están en la Escuela del Maestro, en un curso llamado Maestros 2.0. Profes de distintos colegios públicos de Medellín que intuyen que ese rollo de la tecnología puede transformar en algo su manera de dictar sus clases.
Esta es la segunda sesión de trabajo y hoy hemos dedicado poco más de la mitad del tiempo al montaje de un blog, en el que haremos la bitácora de la clase, al final de la misma.
Lo que pocos parecen ver es que para algunos publicar en internet es un camello. Un inmenso y jorobado camello, que no para de tomar agua, lo cual no deja de ser un problema, en ese inmenso desierto donde se guardan pas angustias personales, que tienen el rostro de las minucias informáticas del día a día.
Habrá que entender que sólo por hoy me ocuparé de alimentar mis miedos, fundamentalmente con unos minuticos de tiempo. Mañana habrá que mirar cómo se resuelven las angustias que este tipo de labores pueda llegar a presentar.
Por hoy, sólo dejaré una huella en la web. Mañana será otro día.
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